S. MARCOS

"SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO, QUE SEA EL ÚLTIMO Y EL SERVIDOR DE TODOS"..... "CUANTO QUISIÉRAIS QUE OS HAGAN A VOSOTROS LOS HOMBRES HACÉDSELO VOSOTROS A ELLOS"

LA AUTO-CURACIÓN







"Pero no hay que esperar a ser un médico para ser un sanador. El sanador es cualquier hombre o mujer que sea capaz de convertirse en un canal inteligente del amor. Para él la oportunidad de sanar ocurre siempre, su consultorio es la Tierra. Sus pacientes, flores, pájaros, niños, santos o ladrones, todos los que necesitan la energía del amor”.
(Dr. Jorge Carvajal)


EL PODER INTERNO

El Pensamiento puede ser un complemento de un medicamento. Las enfermedades físicas deben ser tratadas con medios físicos, pero esto no significa que no se puedan tratar con otros medios no físicos y sí espirituales.
Está demostrado ya desde hace muchos años que las emociones, los deseos y los sentimientos negativos, así como la baja moral y los malos hábitos de pensar afectan a la salud y pueden crear enfermedades a largo plazo. Lo mismo que un drogadicto que no para de pensar en que necesita dinero para comprar droga termina planeando y siendo impulsado a hacer algo para hacerse con dinero, (como efecto de esa repetición de pensamientos) así, los peores deseos, sentimientos y pensamientos van minando la salud sin que nos demos cuenta y terminan por arruinar nuestra vida, y mientras no intentemos corregirlos, no podremos curarnos definitivamente. La solución está en utilizar todos los recursos de la medicina, y al mismo tiempo aplicarse en corregir algo en sí mismo en nuestro aspecto emocional y mental con el fin de hacer desaparecer las causas del mal. En la misma línea de lo que he dicho anteriormente, la persona que piensa en positivo, que intenta ver lo bueno en lo que normalmente llamamos “malo”, que va por el mundo ayudando a los demás con su mejor voluntad y de forma desinteresada y los que tienen por ideales el amor, la fraternidad, la solidaridad, la compasión, etc., esos están fortaleciendo su salud sin darse cuenta y son mucho más felices que los otros.
La envidia, el odio, la ira y otros muchos aspectos personales negativos son creadores de sufrimiento y de enfermedad para la persona misma. Así que, cuando estemos enfermos es necesario ir al médico y tomar los medicamentos si llega el caso, pero es mejor acompañar también estos tratamientos con un trabajo interno que lleve a observarnos para ver cómo pensamos, como sentimos, que deseamos, etc. para poder así corregirlos porque, a la larga, los pensamientos y los sentimientos acaban por afectar a la materia y participan en su transformación. Esta es la medicina interna que a la vez que cura nos hace más morales, cultos y espirituales. La toma de medicamentos será siempre más efectiva si la acompañamos con la auto-observación para ver cómo actuamos y cómo nos expresamos en cada momento, y con un examen de conciencia cada noche donde podamos ver cómo, por qué, con quién, etc. hemos caído y hemos cometido errores durante el día.

                                                        Francisco Nieto

LAS PERSONAS SON REGALOS








Las personas son los regalos que Dios me ha dado.
Ya vienen envueltas, algunas en forma muy bella y otras de una manera menos atractiva. Algunos han sido maltratados en el correo; otros llegan como “Entrega especial”; algunos llegan muy mal envueltos, otros rígidamente cerrados.
Pero la envoltura no es el regalo y es importante darse cuenta de esto.
Es muy fácil equivocarse en este sentido juzgando el contenido por el barro.
A veces el regalo se abre con facilitad; otras, se necesita la ayuda de otras personas.
Tal vez es porque tienen miedo.
Quizás han sido heridos antes y no quieren se lastimados de nuevo.
Pudo ser que alguna vez se abrieron y luego se desencantaron.
Quizás ahora se sienten más bien como “cosas” que como seres humanos.
Yo soy una persona como todas las demás personas, también soy un regalo; Dios me llenó de bondad que es sólo mía.
Y sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura.
Tal vez temo decepcionarme, quizá no confío en lo que llevo dentro.
O pudiera ser que, en realidad, nunca he aceptado el regalo que soy.
Cada encuentro y comunicación entre personas es un intercambio de regalos.
Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo.
Somos obsequios unos para otros.


Proyecto de Voluntariado “Hospital 12 de Octubre” Cáritas Madrid

PRECEPTOS QUE EL VOLUNTARIO DEBERÍA CUMPLIR Y RESPETAR




Estos preceptos han sido escritos por un voluntario de acuerdo al concepto que él mismo tiene sobre el voluntariado, por tanto, no tienen carácter obligatorio ni legal en ningún sentido.


1º.- Promover el desarrollo integral y la atención de las personas y más concretamente de los enfermos, de los necesitados y de los excluidos.

2º.- Respetar la dignidad y el valor de la persona sirviéndole con humildad y con amor.

3º.- Aceptar y cumplir con el compromiso y con los objetivos del programa de Cáritas en el que colabore.

4º.- Trabajar en equipo con la mejor voluntad en los programas siendo responsable y solidario con todo aquel que lo necesite.

5º.- Guardar la confidencialidad así como la protección de datos a la vez que se usa la acreditación de Cáritas de una forma legal y honrada.

6º.- Rechazar cualquier contraprestación económica y material y no hacer ninguna actividad que suponga intereses o beneficios personales por medio del lugar o de las persona a quien se haga el voluntariado.

7º.- El voluntario o voluntaria debe tener siempre presente que las obras caritativas y altruistas tiene mayor efecto cuando se hacen con un sentimiento de amor y de solidaridad.

8º.- Los voluntarios/as harán su servicio desde una posición vocacional, con dignidad y con la alegría de servir a los demás poniéndose en el lugar de ellos para mejor comprenderlos y ayudarlos.

9º.- No hará distinción alguna entre sexos, religión, ideales políticos, clases sociales, etc. en el momento de ayudar a las personas con las que deba tratar en su labor voluntaria.

10º.- No se fijará en los defectos o detalles de las personas ni las criticará, sino que más bien se fijará en sus virtudes y le atenderá con el mismo cariño que a los demás.

11º.- Si algo debe buscar el voluntario o voluntaria, que no sea el beneficio material, ni la fama, ni los honores, ni nada egoísta ni personal. Más bien debe buscar el amor para poder darlo, la riqueza de oportunidades para servir al prójimo; y el poder de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

12º.- Quien tiene verdadera vocación de voluntario no se conforma con comprender o dar amor a otros sino que se identifica con las personas a quien sirve, penetra en sus corazones, y las envuelve con sentimientos de solidaridad, cariño y simpatía.

13º.- Los voluntarios/as se retirarán del voluntariado si no pudiera cumplir y garantizar el respeto y las normas morales y legales que todo voluntario debe tener presente incluso en su conciencia.

RELATO DE UN VOLUNTARIO DE CARITAS EN EL HOSPITAL "12 DE OCTUBRE"



           



 Estando yo uno de los muchos días haciendo mi voluntariado en el hospital “12 de Octubre” de Madrid tuve la ocasión de conocer a una persona que, siendo paciente por una enfermedad física como los demás que voy a visitar, sufría al mismo tiempo una tremenda depresión que impedía que penetrara en ella ni la más mínima sugestión positiva que elevara su moral y su estado de ánimo. Evidentemente y como suelo hacer, eché mano a las enseñanzas psicológicas, espirituales y demás que conozco para ver de qué manera y de qué forma disimulada e indirecta podía dar algún consejo que la animara. Su posición era totalmente negativa ante los consejos llegando a decir que nadie la quería, que nadie quería relacionarse con ella por ser así, que no podía sonreír y que, aunque quería, no podía hacer nada para remediarlo.

            Como mí tiempo era un poco limitado porque ya había visitado a unas cuantas personas  en las varias horas que hago como voluntario, tenía que dedicarle más tiempo a ella y además hacerlo con tacto, con cariño y con comprensión. Así es que comencé por explicarle que ella era como los demás y que lo único que la diferenciaba era su forma de ver al mundo y a las personas. Comenzamos la conversación haciéndola comprende que la falta de aprecio, de cariño y de ayuda no era por parte de los demás sino de ella misma. La expliqué que tenía un cuerpo, una vida, unos sentimientos y una mente para pensar como los demás y que si algo fallaba era porque ella no lo estaba utilizando bien sin darse cuenta. Intenté hacerla comprender que ella podía divertirse, hacer deporte y tener unas relaciones sociales como los demás puesto que tenía un cuerpo físico sano y bien cuidado que la podía ser muy útil en comparación con otras personas minusválidas que no lo podían hacer. La expliqué que la vida que nos da Dios es para aprovecharla y hacer cosas agradables que nos hagan felices y que hagan felices a los demás. Le dije que los sentimientos que nos alegran la vida y que nos causan una gran felicidad interna los tenía ella y que solo tenía que despertarlos haciendo cosas buenas a los demás y pensando en hechos positivos que elevaran su autoestima; o sea, que se quisiera a sí misma como quería a su ser más querido y a su familia. Naturalmente y como era de esperar por mi parte según la experiencia como voluntario que tengo, su respuesta fue más negativa que positiva, es decir, me dijo que ella no podía pensar en hacer nada que la causara alegría y que no la apetecía tampoco hacer nada para que los demás la vieran desde otra perspectiva.

            Después de hablar un rato sobre lo dicho hasta ahora, pasé a profundizar un poco más diciéndola que para hacer algo que la haga feliz o que ayude a los demás debe crear un deseo y un sentimiento que vaya en esa dirección y que para ello debe utilizar la mente para razonar y ver de qué manera puede hacerlo. Por ejemplo ayudar a su madre con cariño y con el deseo de hacerla feliz. Su respuesta fue que no era fácil porque no la apetecía hacer nada por nadie, a lo que yo la respondí que hiciera un juego. Cuando me preguntó que qué clase de juego era, le dije que se relacionaba con el uso de la voluntad porque con la voluntad podía hacer todo lo que ella negaba ya que la voluntad controla la mente y que el juego trataba de proponerse un reto.

            La expliqué el reto de la siguiente manera: Cuando te traigan el desayuno, la comida, la merienda y la cena, tienes que dar gracias a la persona que te la trae diciéndole muchas gracias pero con una sonrisa en los labios; y cuando venga el médico todos los días a verte le das los buenos días también con una sonrisa. Ella me dijo que lo intentaría pero que no lo veía fácil. Entonces me puse frente a su cara y le dije “¡Maribel, mírame!” y cuando me miró la sonreí diciendo “¡Mira qué fácil es!” Aún así me dijo que esa sonrisa era forzada y que ella no quería hacer sonrisas falsas. Entonces volví al ataque diciéndola que yo no estaba de voluntario para hablar y ayudar a las personas falsamente sino de corazón y que la única manera de demostrárselo era dándola un beso. La di un beso en la frente y ella expresó una media sonrisa, entonces aproveché y la pregunté ¿me das un beso tú a mí? Sabía que la costaría mucho pero me lo dio y, aunque sin sonrisa, sus ojos expresaron algo nuevo que me hizo comprender que algo habíamos conseguido.

            No tenía mucho más tiempo porque ya terminaba mi turno de cuatro horas de voluntariado pero no me quería ir sin explicarle algo más. Aprovechando que me había dicho que no podía pensar en cosas que la hicieran feliz, la pregunté que si tenía recuerdos felices dentro de la vida familiar y social. Al decirme que sí y que algunos era muy especiales le propuse un trabajo sobre ella misma. Le pregunté que si se había dado cuenta de que cuando quería leer un libro y concentrar su mente para comprender bien lo que leía, la mente se iba de la lectura para pensar en otras cosas. Su respuesta fue positiva y la mía inmediata fue la siguiente frase: “¡Maribel, tienes que cambiar el libro por los recuerdos que te hacen feliz!” Es decir, la expliqué que cuando su mente se pusiera a pensar en que esta triste, en que no la quieren, etc., ella debe decir a la mente lo siguiente: “¡Oye mente, no te vayas ahí y ponte a pensar en cosas positivas y en cosas que me hagan feliz!”.

           Maribel me dijo al respecto que lo entendía pero que era muy difícil de conseguir porque la mente hace lo que quiere, a lo que yo la respondí que no era así. La expliqué que la voluntad está por encima de la mente y que lo podía comprobar en cualquier momento pensando lo que ella quisiera incluso leyendo un libro y concentrando su mente a voluntad. Su depresión y negatividad volvió a mostrar la cara diciéndome que ella no podía y que no sabía cuándo pensaba la mente y cuándo ella. Por consiguiente me vi obligado a buscar otra respuesta basada en mi filosofía de vida y la propuse que practicara la auto-observación.

La dije: “Si, como sabemos, tenemos una mente que, dependiendo de lo que piense, así serán los sentimientos y las emociones que surjan, y según sean éstos sentimientos así pueden ser las expresiones de tu cuerpo físico, lo que tienes que hacer es utilizar tu voluntad para auto-observarte, o mejor dicho, para observar a tu mente y para analizar cómo son tus sentimientos y tus emociones. Tú, Maribel, eres voluntad, y si estos días que vas a estar en el hospital tranquila y con tiempo para pensar, te auto-observas como te digo, verás que tu mente anda de un lado para otro pero siempre pensando en cosas que no te favorecen, por tanto, dedica varios ratos al día a observar a tu mente, y cuando veas que se centra en cosas negativas y tristes, átala a tus recuerdos positivos o a las cosas que te estoy explicando y verás cómo con la práctica cada vez eres más dueña de ella. También comprobarás que si tu mente está centrada en hechos positivos y alegres, tus sentimientos y tus emociones serán también positivos y alegres y, por tanto, podrás sonreír.”

            No sé si la ayudé mucho o poco porque no volví por esa planta hasta al menos 6 o 7 días después y ya no estaba, pero sí observé dos cosas. La primera que cuando me despedí de ella cogiéndola de la mano y diciéndola que la deseaba lo mejor, me miró a la cara fijamente (lo que no había hecho durante toda la conversación) queriendo expresar algo; y segunda, que su madre, que había estado presente toda esa media hora aproximadamente, tenía lágrimas en sus ojos y me agradeció muchísimo lo que la había dicho y me dijo que nunca lo olvidaría.

            Es deber de todo voluntario enseñar su Verdad y sus elevados sentimientos de alguna manera, sea de forma disimulada o sea claramente a quien la busca, pero yo he comprobado muchas veces que si ponemos un poquito de buena voluntad y otro poquito de corazón, nuestra ayuda y la satisfacción de la otra persona es mucho mayor.

                                                                       Un voluntario